jueves, 28 de agosto de 2008

EL IMPERIO BIZANTINO


Imperio Bizantino (también a veces, sobre todo para hacer referencia a sus primeros siglos de existencia, Imperio Romano de Oriente) es el término historiográfico que se utiliza desde el siglo XIX para hacer referencia al imperio cristiano medieval, continuación del Imperio Romano, cuya capital se encontraba en Constantinopla (actual Estambul). Aunque era denominado "Imperio de los Griegos" por sus contemporáneos de Europa occidental (debido al predominio en él de la lengua, la cultura y la población griegas), sus habitantes se referían a él como "Imperio Romano" (Βασιλεία Ρωμαίων) o "Romania "(Ρωμανία) y sus gobernantes se consideraron siempre herederos directos de los emperadores romanos. En el mundo islámico fue conocido también como (Rûm, "tierra de los Romanos").
En tanto que continuación de la parte oriental del Imperio Romano, su transformación en una entidad cultural diferente de Occidente puede verse como un proceso que se inició cuando el emperador Constantino trasladó la capital a Bizancio (que entonces rebautizó como Nueva Roma, y más tarde se denominaría Constantinopla); continuó con la escisión definitiva del Imperio en dos partes, tras la muerte de Teodosio I, en 395, y la posterior desaparición, en 476, del Imperio Romano de Occidente; y alcanzó su culminación durante el siglo VII, bajo el emperador Heraclio, con cuyas reformas (sobre todo, la reorganización del ejército y la adopción del griego como lengua oficial), el Imperio adquirió un carácter marcadamente diferente.
A lo largo de su dilatada historia, el Imperio Bizantino sufrió numerosos reveses y pérdidas de territorio, pese a lo cual continuó siendo una importante potencia militar y económica en Europa, Oriente Próximo y el Mediterráneo oriental durante la mayor parte de la Edad Media. Tras una última recuperación de su pasado poder durante la época de la dinastía Comnena, en el siglo XII, el imperio comenzó una prolongada decadencia que culminó con la toma de Constantinopla y la conquista del resto de los territorios bajo dominio bizantino por los turcos, en el siglo XV.
Durante su milenio de existencia, el imperio fue un bastión del cristianismo, y contribuyó a defender Europa Occidental de la expansión del Islam. Fue uno de principales centros comerciales del mundo, estableciendo una moneda de oro estable que circuló por toda el área mediterránea. Influyó en las leyes, los sistemas políticos y los costumbres de gran parte de Europa y de Oriente Medio, y gracias a él se conservaron y transmitieron muchas de las obras literarias y científicas del mundo clásico y de otras culturas.

El término «Imperio Bizantino»

Visión decimonónica sobre Bizancio: «Sobre el Imperio bizantino, el veredicto universal de la historia es que constituye, sin excepción alguna, la forma cultural más baja y abyecta que haya asumido la civilización hasta ahora No ha habido otra civilización duradera tan despojada de toda forma o elemento otorgador de grandeza Sus vicios eran los de los hombres que habían dejado de ser valientes sin aprender a ser virtuosos Esclavos, y esclavos gustosos, tanto en sus actos como en sus pensamientos, hundidos en la sensualidad y en los placeres más frívolos, sólo salían de su apatía cuando alguna sutileza teológica o algún hecho de caballería en las carreras de cuádrigas les estimulaba a lanzarse en revueltas frenéticas La historia de dicho imperio es una relación monótona de intrigas de sacerdotes, eunucos y mujeres, de envenenamientos, conspiraciones, ingratitudes y fratricidios continuos».
«Imperio Bizantino» es un término moderno que hubiera resultado extraño a sus contemporáneos. El nombre original del Imperio en griego era Romania o Basileía Romaíon , traducción directa del nombre en latín del Imperio Romano, Imperium Romanorum.
La expresión «Imperio Bizantino» (de Bizancio, antiguo nombre de Constantinopla) es una creación del historiador alemán Hieronymus Wolf, quien en 1557 —un siglo después de la caída de Constantinopla— lo utilizó en su obra Corpus Historiae Byzantinae para designar este período de la historia en contraposición con las culturas griega y romana de la Antigüedad clásica. El término no se hizo de uso frecuente hasta el siglo XVII, cuando fue popularizado por autores franceses, como Montesquieu.
El éxito del término puede guardar cierta relación con el histórico rechazo de occidente a ver en el Imperio Bizantino al heredero legítimo de Roma, al menos desde que, en el siglo IX, Carlomagno y sus sucesores esgrimieron el documento apócrifo conocido como "Donación de Constantino" para proclamarse, con la connivencia del Papado, emperadores romanos. Desde esta época, en las tierras occidentales el título Imperator Romanorum (emperador de los romanos) quedó reservado a los soberanos del Sacro Imperio Romano Germánico, mientras que el emperador de Constantinopla era llamado Imperator Graecorum (emperador de los griegos), y sus dominios, Imperium Graecorum, Graecia, Terra Graecorum o incluso Imperium Constantinopolitanus. Los emperadores de Constantinopla nunca aceptaron estos nombres. De hecho, los pobladores bizantinos se declaraban herederos del Imperio Romano y los emperadores de Constantinopla se enorgullecían de un linaje ininterrumpido desde Augusto.
El adjetivo «bizantino» adquirió después un sentido peyorativo, como sinónimo de «decadente», debido a la obra de historiadores como Edward Gibbon, William Lecky o el propio Arnold J. Toynbee, quienes, comparando la civilización bizantina con la Antigüedad clásica, vieron la historia del Imperio Bizantino como un prolongado período de decadencia. Influyó seguramente también en esta apreciación el punto de vista de los cruzados de los reinos de Europa occidental que visitaron el imperio desde finales del siglo XI.
En español se utiliza la expresión «discusión bizantina» para referirse a una disputa sobre cuestiones carentes de verdadera importancia, seguramente basada en las interminables controversias teológicas sostenidas por los intelectuales bizantinos.
Identidad, continuidad y conciencia
Bizancio puede ser definido como un imperio multi-étnico que emergió como imperio cristiano y terminó sus más de 1.000 años de historia en 1453 como un estado griego ortodoxo: el imperio se convirtió en nación.
En los siglos que siguieron a las conquistas árabes y lombardas del siglo VII, esta naturaleza multi-étnica (recalcamos: no multinacional) permaneció aún en los Balcanes y Asia menor, donde residía una muy poderosa y superior población griega.
Los bizantinos se identificaban a sí mismos como romanos, y continuaron usando el término cuando se convirtió en sinónimo de helenos . Prefirieron llamarse a sí mismos, en griego, romioi (es decir pueblo griego cristiano con ciudadanía romana), al tiempo que desarrollaban una conciencia nacional como residentes de Romania (Romania es como el estado bizantino y su mundo fueron llamados en su tiempo). El nacionalismo se reflejaba en la literatura, particularmente en canciones y en poemas como el Akritias, en el que las poblaciones fronterizas (de combatientes llamados akritas) se enorgullecían de defender su país contra los invasores.
El patriotismo se volvió local, porque no podía ya descansar en la protección de los ejércitos imperiales.
Aun cuando los antiguos griegos no fueran cristianos, los bizantinos los reclamaban como sus ancestros. En efecto, los bizantinos no sólo se referían a sí mismos como romioi como forma de retener tanto su ciudadanía romana y su herencia ancestral. Un común sustituto del término heleno (que tenía connotaciones paganas tanto como el de romios) fue el término graekos ('griego'). Este término fue usado frecuentemente por los Bizantinos (tanto como romioi) para su auto-identificación étnica.
La disolución del estado bizantino en el siglo XV no deshizo inmediatamente la sociedad bizantina. Durante la ocupación otomana, los Griegos continuaron identificándose como romanos y helenos, identificación que sobrevivió hasta principios del siglo XX y que aún persiste en la moderna Grecia.

Historia
Origen

Para asegurar el control del Imperio Romano y hacer más eficiente su administración, Diocleciano, a finales del siglo III, instituyó el régimen de gobierno conocido como tetrarquía, dividiendo el imperio en dos partes, gobernadas por dos emperadores augustos, cada uno de los cuales llevaba asociado un "vice-emperador" y futuro heredero césar. Tras la abdicación de Diocleciano el sistema perdió su vigencia y se abrió un período de guerras civiles que no concluyó hasta 324, cuando Constantino I el Grande unificó ambas partes del Imperio.
Constantino reconstruyó la ciudad de Bizancio como nueva capital en 330. La llamó «Nueva Roma», pero se la conoció popularmente como Constantinopla ('La Ciudad de Constantino'). La nueva administración tuvo su centro en la ciudad, que gozaba de una envidiable situación estratégica y estaba situada en el nudo de las más importantes rutas comerciales del Mediterráneo oriental.
Constantino fue también el primer emperador en adoptar el cristianismo, religión que fue incrementando su influencia a lo largo del siglo IV y terminó por ser proclamada por el emperador Teodosio I, a finales de dicha centuria, religión oficial del Imperio.
A la muerte del emperador Teodosio I, en 395, el Imperio se dividió definitivamente: Flavio Honorio, su hijo mayor, heredó la mitad occidental, con capital en Roma, mientras que a su otro hijo, Arcadio, le correspondió la oriental, con capital en Constantinopla. Para la mayoría de los autores, es a partir de este momento cuando comienza propiamente la historia del Imperio Bizantino. Mientras que la historia del Imperio Romano de Occidente concluyó en 476, cuando fue depuesto el joven Rómulo Augústulo por el germano (del grupo hérulo) Odoacro, la historia del Imperio Bizantino se prolongará durante aún casi un milenio.